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Desde pequeña nos preparábamos
como era costumbre para recibir a nuestros fieles difuntos, los seres
queridos que se nos adelantaron en el camino hacia la otra vida. Es
una costumbre, tradición de nuestra cultura maya que pasa de generación
en generación sin distingo de razas y condiciones sociales ni económicas,
lo veía de alguna manera como una forma de reunión familiar y convivencia
con un fin común, era tan mágico, que deseaba crecer algún día para
hacer lo mismo que veía que hacía mi mamá con mi abuelita y mis tías,
era una fiesta preparar algo especial para nuestros seres queridos.
El Hanal Pixán tiene sus días especiales y comienza con el
31 de octubre con el (U HANAL PALAL) que significa comida para los niños
y en el cual recordamos a nuestros seres pequeñitos que se han ido,
ese día se pone una hermosa mesa o altar con la foto de el ser que partió
y su comida preferida así como sus juguetes, adornada con velitas de
colores y se hace un rezo especial.
El segundo día que es el 1 de noviembre se celebra el (U HANAL PIXANOOB)
llamado también “misa pixán”, ese día se aplica una misa especial en
el cementerio para las ánimas, era un día emotivo para mi abuelita puesto
que ya se habían ido sus padres y un hermano así que se esmeraba en
poner la mesa lo mejor posible, no solo con las comidas preferidas,
si no también con las bebidas que más disfrutaban, que eran cervecita
y refrescos naturales, ¡ay! que recuerdos tan hermosos, aún puedo oler
ese delicioso mucbipollo, que es un tamal muy grande de masa de maíz
relleno de pollo, carne de puerco, tomate, chile habanero, cebolla,
chile dulce, achiote y ramas de apazote, que preparaban desde las 6
de la mañana y que con ansias quería grabar en mi memoria cada paso
para su elaboración.
Existen diferentes tipos de comidas de procedencia maya como
el Chacha waj: Tamal muy rojo horneado, su nombre significa pan rojo;
Pin: tortilla hecha de frijol o espelón que se hace a baño María o al
vapor; Is wah: tortilla de maíz nuevo, dulce o salado y desde luego
no pueden faltar los dulces típicos como el dulce de papaya con queso
de bola, en fin existe una variedad extensa de comidas, postres y bebidas
que les gustaba en vida.
Sentir el olor de las velas prendidas, ese entorno mágico que
envolvía cada paso de preparación que me hacía ver las cosas de diferente
manera, sobre todo por la ilusión, e ingenuidad de niña de ver en algún
momento a mis bisabuelos comiendo algo de lo que mi abuelita había preparado
en la mesa, era algo especial, espiritual, no me causaba ningún miedo
al contrario y mucho menos veíamos esa fecha como un motivo de tristeza,
ya que mis abuelitos decían que eran días de alegría, de oración, para
recordar y pedir por nuestros seres amados que llegan esas fechas a
visitarnos, y compartir con nosotros una mesa especial para ellos, es
una tradición que une a las familias de generación en generación y es
importante mantenerlo hasta los últimos días de nuestra vida, ya que
algún día nos esperarán los que se queden y nos prepararán una comida
especial que con gusto vendremos a degustar.
Hasta ahora no he podido evitar traer a mi mente los hermosos
recuerdos de mi abuelita y siento al llegar las fechas el olor a Ak
sa: atole nuevo, el olor de los Pibipollos horneándose y mucho menos
del incienso que prenden en los altares. Como olvidarlo si la persona
que me enseñó esta hermosa tradición es ahora recibida siempre en mi
alma y mi corazón y cada año por ella y por los que ella preparaba su
altar, nosotros preparamos un altar especial para que sepa que lo que
hizo en vida no fue en valde puesto que nos heredó una hermosa tradición,
y es por ella y por todos nuestros seres queridos que no se encuentran
físicamente pero sí en escencia.
Podría hablar infinidad de esta hermosa tradición ya que es
muy extensa y sobre todo interesante, porque de alguna manera sentimos
que existe una conexión con los que se han ido y aún a pesar de no verlos,
les preparamos una fiesta especial llamada Hanal Pixán. No puedo despedirme
sin antes mencionar que a los ocho días del Hanal Pixán nos reuníamos
de nuevo en casa de mi abuelita para celebrar el Bix que significa Ochovario,
o reunión que se hace a los 8 días, ya no era tan complicada la preparación
pero con el mismo cariño esperábamos ante un hermoso altar y un camino
con velas de colores a las almas que iban a visitarnos a casa de mi
abuelita, y así como iluminábamos su entrada, los despedíamos llenos
de luz a la hora de marcharse de vuelta a casa.
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