Todo nuestro/ n°3
El Regalo - Todo nuestro - PalamitoNews
El Regalo
  "¿Escalofriante el relato de Kurtz? ¿De tiempos remotos? ¡Pues nada mas actual! Es el flagelo de siempre: violencia familiar, que día a día crece y no solo en el tercer mundo.
En el primer mundo esta problemática esta in crescendo tanto que se he llegado al tener padres golpeados... casi un todos contra todos en el núcleo familiar."
 
 

Mis padres cumplían cincuenta años de casados y para festejarlo, decidieron hacer una fiesta en su quinta de Pilar. Mis hermanas y yo decidimos hacerles un buen regalo y me encomendaron a mi la tarea de elegirlo. A sabiendas de mi cuidado criterio, depositaron en mi la responsabilidad del regalo. Si bien hacía un par de años que estábamos distanciados, mis hermanas y yo decidimos igual ir a la fiesta.

Después de todo eran nuestros progenitores y aunque no habíamos olvidado nuestra infeliz infancia y los aconteceres que sucedieron decidimos que algo teníamos que hacer con nuestros padres. Todavía estaba fresco en Mabel, mi hermana menor, el recuerdo de la última paliza brindada por mi padre y que llevó que ella también se fuera de la casa. El era un hombre muy autoritario. Quizás fue el resultado de su educación, allá en los montes friulanos en donde los inviernos son muy duros y la comida escasa.

Quizás su participación con los Camisas Negras del Duce le haya dejado marcada su arrogancia y su violento carácter. Una vez, un tío que volvió a la península luego de una acalorada discusión con él, me dijo, entonado por el alcohol, que mi padre había prestado servicio en un campo de concentración y que se lo responsabilizaba de unas cuantas muertes pero luego, este mismo tío, negó todo. Lo cierto es que mi padre era una persona muy violenta y tanto Mabel como Marta y yo mismo, nos cansamos de sus gritos y de sus golpes y nos fuimos de casa. Mi mamá no era mucho mejor.

Ella sabía muy bien las cosas que mi papá hacía con mis hermanas y nunca dijo nada. Ni siquiera aquella vez que tuvimos que ir de urgencia al hospital por que le había pegado tanto a Marta que la desmayó. Luego, el médico de guardia, descubrió el abuso y quiso hacer la denuncia pero, como mi padre tenía buenos contactos con la policía local, no pasó a mayores. Pero Marta nunca se olvido, ni yo tampoco. Sería por eso que mi mamá tenía encuentros clandestinos con ese tío que les mencioné.

Muchas veces, de chico, los escuchaba retozar en su pieza cuando mi papá no estaba. Yo lo quería mucho a ese tío ya que el, al menos, me regalaba chocolates y para Navidad me compró una pelota de fútbol con los colores de River Plate. Mabel y Marta también lo querían por las mismas razones. Mi papá deseaba (Bah! en realidad el no deseaba nada solo imponía) que yo fuera médico o contador ya que no había querido ingresar a la academia de policía. A mi gustaba mucho el rock y, a decir, verdad, era bastante rebelde cosa que lo enfadaba y disgustaba mucho.

Recuerdo las discusiones y las golpizas a las que me sometía por no hacerle caso por eso, cuando tuve 17 años me escapé de casa. Claro que al principio no me fue muy bien que digamos pero, por suerte, me hice de amigos que me bancaron y pude llegar hasta aquí. No digo que todavía haya triunfado pero creo, sinceramente, que estoy en camino. Retomé los estudios en el conservatorio de música y dentro de poco me casaré.

Mis hermanas pudieron rehacer su vida después de todas las calamidades que pasaron. Fueron algunos años de terapia y mucha plata gastada en pastillas pero dio resultado. Mabel esta embarazada y espera un niño para junio. Si bien no se ha casado todavía, su embarazo es una especie de venganza contra nuestros padres. Marta se juntó con un peluquero divorciado que mis padres nunca aceptaran. Son muy felices en su casita de Villa Adelina y están por adoptar un niño ya que ella, en virtud de los golpes y los abusos, no puede quedar encinta. Es otra de las deudas de mis padres para con ella. Pero bueno, hoy es el día del aniversario de mis padres.

Es un buen día y una ocasión única para hacerles un regalo. Entre los tres pusimos plata y le compramos un cochecito. No es nada del otro mundo pero se que les gustará. A mi papá le gusta mucho la velocidad y seguro que saldrá a probarlo a la Panamericana junto con mamá. Quizás llegue a los 130 km. por hora y quiera ir mas rápido ya que el motor está preparado. Descubrirá, entonces, que se ha quedado sin líquido de frenos y no podrá frenar en esa curva y tanto mis hermanas como yo podremos empezar a olvidarnos de ellos.

 
  pagine: uno