| |
Mis padres cumplían
cincuenta años de casados y para festejarlo, decidieron hacer una fiesta
en su quinta de Pilar. Mis hermanas y yo decidimos hacerles un buen
regalo y me encomendaron a mi la tarea de elegirlo. A sabiendas de mi
cuidado criterio, depositaron en mi la responsabilidad del regalo. Si
bien hacía un par de años que estábamos distanciados, mis hermanas y
yo decidimos igual ir a la fiesta.
Después de todo eran nuestros progenitores y aunque no habíamos
olvidado nuestra infeliz infancia y los aconteceres que sucedieron decidimos
que algo teníamos que hacer con nuestros padres. Todavía estaba fresco
en Mabel, mi hermana menor, el recuerdo de la última paliza brindada
por mi padre y que llevó que ella también se fuera de la casa. El era
un hombre muy autoritario. Quizás fue el resultado de su educación,
allá en los montes friulanos en donde los inviernos son muy duros y
la comida escasa.
Quizás su participación con los Camisas Negras del Duce le haya dejado
marcada su arrogancia y su violento carácter. Una vez, un tío que volvió
a la península luego de una acalorada discusión con él, me dijo, entonado
por el alcohol, que mi padre había prestado servicio en un campo de
concentración y que se lo responsabilizaba de unas cuantas muertes pero
luego, este mismo tío, negó todo. Lo cierto es que mi padre era una
persona muy violenta y tanto Mabel como Marta y yo mismo, nos cansamos
de sus gritos y de sus golpes y nos fuimos de casa. Mi mamá no era mucho
mejor.
Ella sabía muy bien las cosas que mi papá hacía con mis hermanas
y nunca dijo nada. Ni siquiera aquella vez que tuvimos que ir de urgencia
al hospital por que le había pegado tanto a Marta que la desmayó. Luego,
el médico de guardia, descubrió el abuso y quiso hacer la denuncia pero,
como mi padre tenía buenos contactos con la policía local, no pasó a
mayores. Pero Marta nunca se olvido, ni yo tampoco. Sería por eso que
mi mamá tenía encuentros clandestinos con ese tío que les mencioné.
Muchas veces, de chico, los escuchaba retozar en su pieza cuando mi
papá no estaba. Yo lo quería mucho a ese tío ya que el, al menos, me
regalaba chocolates y para Navidad me compró una pelota de fútbol con
los colores de River Plate. Mabel y Marta también lo querían por las
mismas razones. Mi papá deseaba (Bah! en realidad el no deseaba nada
solo imponía) que yo fuera médico o contador ya que no había querido
ingresar a la academia de policía. A mi gustaba mucho el rock y, a decir,
verdad, era bastante rebelde cosa que lo enfadaba y disgustaba mucho.
Recuerdo las discusiones y las golpizas a las que me sometía por no
hacerle caso por eso, cuando tuve 17 años me escapé de casa. Claro que
al principio no me fue muy bien que digamos pero, por suerte, me hice
de amigos que me bancaron y pude llegar hasta aquí. No digo que todavía
haya triunfado pero creo, sinceramente, que estoy en camino. Retomé
los estudios en el conservatorio de música y dentro de poco me casaré.
Mis hermanas pudieron rehacer su vida después de todas las calamidades
que pasaron. Fueron algunos años de terapia y mucha plata gastada en
pastillas pero dio resultado. Mabel esta embarazada y espera un niño
para junio. Si bien no se ha casado todavía, su embarazo es una especie
de venganza contra nuestros padres. Marta se juntó con un peluquero
divorciado que mis padres nunca aceptaran. Son muy felices en su casita
de Villa Adelina y están por adoptar un niño ya que ella, en virtud
de los golpes y los abusos, no puede quedar encinta. Es otra de las
deudas de mis padres para con ella. Pero bueno, hoy es el día del aniversario
de mis padres.
Es un buen día y una ocasión única para hacerles un regalo. Entre los
tres pusimos plata y le compramos un cochecito. No es nada del otro
mundo pero se que les gustará. A mi papá le gusta mucho la velocidad
y seguro que saldrá a probarlo a la Panamericana junto con mamá. Quizás
llegue a los 130 km. por hora y quiera ir mas rápido ya que el motor
está preparado. Descubrirá, entonces, que se ha quedado sin líquido
de frenos y no podrá frenar en esa curva y tanto mis hermanas como yo
podremos empezar a olvidarnos de ellos.
|
|
 |