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Hace algún tiempo macho y mal oliente eran términos asociados,
el hedor emanado del cuerpo sudoroso de un hombre eran sinónimo de trabajo,
de esfuerzo. Pero el mundo de hoy es un lejano pariente de aquellos
tiempos y ha cambiado completamente de aspecto, sobre todo a nivel social.
El hombre y la mujer, que otrora fueron dos polos opuestos, ahora están
convergiendo siempre más hacia una única dirección, y es cada vez más
difícil poder hacer una distinción neta.
La evolución ocurrida por lo que podríamos definir 'Hombre-mono'
parece ir hacia lo que podría llamarse 'Hombre-estética.' Esta transformación
ha coincidido indudablemente con la emancipación de la mujer, que ha
conseguido todos los derechos que le correspondieron en estas últimas
décadas, pero que hasta hace un tiempo fueron exclusivos del hombre.
Luego ha habido un tipo de mezcla que ha acercado a los dos sexos y
que también ha ampliado las tareas femeninas. Si éstas pueden parecer
aserciones lanzadas en el vacío, hay datos importantes que las respaldan.
En el edificio de los Congresos de Roma, hace unos seis meses, en la
ocasión de 'Estético futuro 2006', han sido provistos los datos sobre
el consumo de los productos cosméticos.
De esto ha emergido, de modo casi sobrecogedor, que un tercio
del consumo global de los cosméticos se atribuye justamente a los hombres,
que gastan para su 'necesidad estética' más de 280 millones de euros
en productos de variados géneros. Con respecto a hace 10 años, el hombre
emplea el 26% más de tiempo por el cuidado del propio cuerpo y el 7%
más para mejorar su aspecto estético.
En efecto, han aumentado mucho las operaciones quirúrgicas
de 'rinoplastia' (intervenciones dirigidas a modificar) y por lo tanto
mejorar, el aspecto de la propia nariz, y de 'lifting-facial.' Al menos
el 21% de los hombres, por ejemplo en Italia, hace uso regular de cremas
para la piel y siempre son menos los que piensan que usar productos
para el cuerpo se pueda asociar a un comportamiento afeminado. Incluso,
en algunas ciudades italianas como Bolonia, Milán y Roma, hay perfumerías
solo especializadas en productos masculinos.
Y justo a Roma hay 'Beauty Center' dedicados exclusivamente a una clientela
masculina. Basta pensar en todos los rituales estéticos, que se están
difundiendo como una mancha de aceite, sobre todo entre los jóvenes,
aunque la mayor concentración de edad va de los 25 a los 44 años. El
empleo ya casi familiar son las lámparas de los Soláriums, que ofrecen
servicios muy esmerados para el bronceado del cuerpo, los centros estéticos,
visitados asiduamente por el sexo fuerte, que miman su 'cuerpo masculino'
con ceras, máscaras faciales, masajes, limpieza de cutis cuidando así
cada detalle estético.
La reflexión se impone inexorable: ¿pero por qué hemos llegado
a este punto? Las respuestas podrían ser muchas, la primera que se nos
ocurre es: Al mundo de hoy le interesa más aparentar que ser y por lo
tanto nuestro cuerpo se convierte en un instrumento, un modo para poder
llegar a nuestras metas y para tener éxito.
El cuidado del cuerpo responde, por lo tanto, a una necesidad
casi 'laboral', por lo cual quién se presenta bien tiene más posibilidades
de lograr su objetivo y por lo contrario, quién se ha quedado con la
idea de nuestros padres, tendrá que resignarse a perder posiciones.
La imagen que en efecto se muestra como el ideal al que todos aspiran
es aquella de una persona bonita, rica y famosa y en muchos casos, rica
y famosa están estrechamente ligados a bonita, es decir, la estética
es el factor principal. Esta enajenación del hombre de sus primeros
comportamientos no debe ser, por fuerza, un punto de vista negativo.
En efecto también hay una parte positiva en este proceso de transformación.
El 'gentil sexo' parece tener un índice de satisfacción bastante mas
elevada con respecto de todos estos 'Macho-estéticos', ya que, no siempre
nuestras abuelas y nuestras tatarabuelas estuvieron tan satisfechas
con tener junto a si a un Hombre que emanara un olor tan fuertemente
masculino. Se explica así la ancha difusión que todos estos tipos de
embellecimiento tienen entre los chicos. El hombre que se cuida, que
tiene una buen relación con el propio cuerpo y que se presenta bien,
a lo mejor con vestimentas de ciertas marcas, que hace de cereza sobre
la torta, tiene mayor posibilidad de sentir placer y las mujeres no
dejan de hacérselo notar. Y por lo tanto casi un tipo de etiqueta que
se ofrece a los ojos de sexo opuesto, para poder encontrar su aprobación.
Pero esta afirmación merece una segunda reflexión, que se refiere a
la progresiva emancipación femenina.
Si observamos mejor la situación que estamos viviendo en nuestra
época, podemos notar fácilmente que los roles se han invertido totalmente.
Una vez fue la mujer que se engalanó para impactar al hombre, que fue
por consiguiente atraído por ella e intentaron hacerla caer entre sus
brazos. Hoy, en cambio, son los hombres que tienden a mostrarse limpios
y 'glaseados' para poder hacer centro en las mujeres y para tener alguna
posibilidad de ser seducidos o de suscitar interés en ellos.
Por lo tanto, son los machos los que juegan el rol de la presa, mientras
que las mujeres se han convertido en cazadoras que tienen la facultad
de elegir a quién más las atrae. Los papeles en la sociedad ya han cambiado
y sea los machos que las hembras están dándose lentamente cuenta, acomodándose
sobre una nueva escala de valores sociales, que lleva a la mujer a tener
una posición completamente nueva, posición que hasta hace alguna década
sólo pudo pertenecer a la imaginación más creativas.
Este proceso se está desenvolviendo y transformando lentamente y llevará
a la convergencia total entre los dos sexos. En aquel punto será de
veras interesante observar lo que ocurrirá. Si la mujer se apoderara
de lo que alguna vez fue un status solamente masculino paradójicamente
se creara una figura completamente nueva y será mujer el termino asociado
a mal oliente de modo que nuestros bisnietos se verán obligados a padecer
lo que padecieron a las mujeres del pasado, con los hombres de cuerpo
sudoroso que les procuraron pan y protección.
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