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1. QUÉ ES LA HISTORIA
Para
Manuel Tuñón de Lara, la palabra Historia evoca, en muchas mentes, largas
e incomprensibles listas de gobernantes o de batallas, biografías de
héroes sin miedo y sin tacha, o efemérides sin sentido para muchos.
Pero si esto no es historia ¿qué es entonces?
Para comprenderlo, podríamos analizar los conceptos que los
primeros historiadores tuvieron sobre ella. Veamos al "padre de la Historia",
Heródoto, (484-425 a.C.) y revisemos su obra máxima: "Los nueve libros
de la Historia". Encontramos en ella una "enmarañada red de sucesos
particulares, de anécdotas rebosantes de vida apasionada, en las cuales
se agitan los reyes y tiranos, árbitros de razas y comarcas".
Podemos agregar una frase de Luís Alberto Sánchez, de su obra:
Fundamentos de la Historia Americana: "No quiso o no pudo
desechar ninguna fantasía por abigarrada y deslumbradora que fuese.
Su mente estaba lista a recibir el mensaje de lo irreal, tanto como
el de lo real. Ignoraba la frontera entre lo imposible y lo verosímil..."
Como ejemplo, podemos colocar el episodio en que los sacerdotes egipcios
le hablan de sus ritos, cosa totalmente imposible, ya que eran secretos
incluso para el pueblo egipcio, de modo que le proporcionan una gran
cantidad de información falsa, que él reproduce fielmente en su obra.
Sin embargo, cuando conoce bien el tema de que habla, critica la información
recibida o la tradición oral.
En relación con el rapto de Helena, esposa del rey Menelao,
Heródoto comenta. "Esto de robar mujeres es a la verdad
una cosa que repugna a las reglas de la justicia; pero también es poco
conforme a la cultura y civilización el tomar con tanto empeño la venganza
por ellas, y por el contrario, el no hacer ningún caso de las arrebatadas,
es propio de gente cuerda y política, porque bien claro está que si
ellas no lo quisieren de veras nunca hubieran sido robadas."
En Roma, Plutarco (45 o 50-125 d. C.) se preocupa por los hechos y dichos,
no por los sentimientos, de los grandes héroes cuya vida compara en
su gran obra "Vidas Paralelas". En cambio, Julio César, en sus "Comentarios
a las Guerras de las Galias" se dedica a indicar puntos geográficos,
rutas, métodos de combate y caracteres de los personajes que conoció,
en un tono sobrio y estricto. Polibio (h. 210 a. C.), nacido en Grecia,
fue desterrado a Roma, donde escribió su famosa "Historia Universal",
un "Tratado de Geografía" y otros textos, que narran el dominio de Roma
sobre el mundo conocido, incluyendo Cartago.
Polibio dice: "Antes de esta época, los sucesos
ocurridos en el mundo se hallaban como diseminados... A partir de aquí,
la historia comienza a formar un cuerpo; los acontecimientos acaecidos
en Italia y en Afrecha se enlazan con los que han tenido lugar en Asia
y en Grecia, y todo tiende al mismo fin". También Polibio alude
a la imparcialidad que debe tener un historiador, y que él practicó
constantemente: "Un hombre honrado debe amar a su patria y a sus
amigos; debe asociarse a sus afectos y a sus odios; pero una vez que
se reviste del carácter del historiador, es preciso olvidar todos los
sentimientos de este género; es a menudo preciso alabar a sus enemigos
y exaltarlos, o, por el contrario, convencerse del error de los que
más ama, atacándolos con los reproches más vivos". (Enciclopedia
Universal Ilustrada, tomo 45, Espasa-Calpe)
En el siglo XIV, Ibn Jhaldum (1332-1406) escribía: "La
historia tiene por objeto verdadero, hacernos comprender el estado social
del hombre, es decir, la civilización, enseñarnos los fenómenos que
se relacionan con él, a saber: la vida salvaje, la suavización de las
costumbres, el espíritu de familiar y de tribu, los diversos géneros
de superioridad que unos pueblos tienen sobre los otros, la distinción
de clases, las ocupaciones a que los hombres dedican sus esfuerzos y
trabajos, como son las profesiones lucrativas, los oficios que dan para
vivir, las ciencias, las artes; en fin, todos los cambios que la naturaleza
de la historia puede operar en el carácter de la sociedad."
(Tuñón de Lara, Manuel: Por qué la Historia)
En el siglo XIX, Jules Michelet (1798-1874), en su Prólogo a la Historia
de Francia, recupera esta noción de la Historia, aseverando que esta
ciencia debe recuperar el pasado de todo un pueblo, lo que fue rechazado
por algunos historiadores "oficiales" que siguieron durante mucho tiempo
haciendo historia de "acontecimientos", llegando a relatos literarios
más que históricos, para pasar luego al relato erudito, pro- poniendo
la recuperación del pasado, especialmente, para justificarlo.
Contra esta postura, reaccionó Fuste1 de Cou1anges expresando, en su
Lección de apertura del curso de 1862, que "nos ocuparemos conjuntamente
del hombre individual, 10 que será filosofía, y del estudio del hombre
social, lo que será historia". Algún tiempo después completó este pensamiento,
expresando: "La Historia no es la acumulación de los acontecimientos
de todo orden que se han producido en el pasado. Es la ciencia de las
sociedades humanas". Lucien Febre, en su obra "La Terre et l'Évolution
Humaine" apoyó este postulado, afirmando: "Una vez más, no el hombre,
nunca el hombre. Las sociedades humanas, los grupos organizados".
Marc Bloch, notable medievalista francés, miembro de la resistencia
durante la ocupación de Francia por los alemanes, fue fusilado en 1944.
Durante su estadía en la prisión escribió la inacabada "Apologie pour
1 'Histoire ou Métier d 'historien", obra en la que se refiere también
al concepto de la Historia como "la ciencia del pasado". "Me parece
una forma impropia de hablar. Porque, en primer lugar, es absurda la
idea de que el pasado, considerado como tal, pueda ser objeto de la
ciencia. Porque ¿cómo puede ser objeto de un conocimiento racional,
sin una delimitación previa, una serie de fenómenos que no tienen otro
carácter común ' .que el no ser nuestros contemporáneos?"
Cada hombre tiene su memoria individual, y la va incrementando
día a día, pero también la va depurando, eliminando inconscientemente
los recuerdos que no tienen trascendencia, dejando sólo los que le permiten
realizar su trabajo, establecer relaciones, o reconocer los problemas
de su existencia para poder darles alguna solución. La memoria histórica
demora más en llegar a ser memoria colectiva.
Esto sucede porque el pasado no se compone de recuerdos acumulados,
sino un conocimiento de los hechos y sus conexiones, su devenir: pues
cuando se ha conquistado el pasado se puede conquistar el porvenir.
Entonces, según, Bloch "la Historia es mucho más que un simple pasatiempo
o una evasión: la Historia significa nada menos que conocer los cimientos
de nuestra vida actual, saber de dónde venimos, quiénes somos y aumentar
las probabilidades de saber a dónde vamos." Sin embargo, parece
difícil determinar hasta dónde podemos considerar un hecho como histórico,
y cuándo no lo es. El mismo Bloch nos proporciona un ejemplo: "En
el siglo X de nuestra era había un golfo profundo, el Zwin, en la costa
flamenca. Después se cegó."
La pregunta es ¿A qué rama del conocimiento pertenece este hecho? ¿Podría
pertenecer a la geografía? Tal vez, más precisamente, a la geología.
En efecto, el fin del golfo pudo deberse al acarreo de sedimentos efectuado
por los ríos, o por las corrientes marinas. A lo mejor, por cambios
en el nivel de los océanos. Pero ninguna de esas teorías corresponde
a la verdad. Los geólogos determinaron que fue a causa de la construcción
de diques, de la desviación de algunos canales, de la desecación de
pantanos, en fin, por actos humanos debidos a necesidades colectivas,
y efectuados, también colectivamente.
Y esto no es todo. En el fondo del golfo existía una ciudad
que se comunicaba con el mar por un río. Se trataba de Brujas, miembro
importante de la Liga Hanseática, que comerciaba con Inglaterra, Alemania,
Brabante, Holanda, Islandia, Borgoña y gran parte de Francia. Con el
cegamiento del golfo, Brujas debió mover su avant-port cada vez más
hacia fuera, y muchos muelles quedaron inutilizados.
De modo que el trabajo de la comunidad determinó la ruina de
la ciudad de Brujas, por lo tanto este fenómeno geográfico estaba provocado
por el hombre y también sufrido por el hombre, así es que lo debemos
estudiar como un fenómeno histórico.
2. EL TIEMPO DE LA
HISTORIA
Hemos dicho que la Historia es la ciencia de los hombres. Marc
Bloch la completa: "es la ciencia de los hombres en el tiempo", y tiene
razón, porque es imposible desarrollar un estudio histórico alejado
del factor temporal. Femand Braudel dijo en alguna oportunidad:
"El historiador no se evade nunca del tiempo de la Historia: el
tiempo se adhiere a su pensamiento como la tierra a la pala del jardinero".
Sin embargo, son pocos los estudiosos de la Historia que se han preocupado
de este problema y, por lo general, se limitan al análisis del "tiempo
cultural", es decir, a la variación del concepto de "tiempo" a través
de la Historia, o en diferentes grupos humanos. Han establecido así
que existe un tiempo para los nativos del interior de Australia y otro
para los londinenses; un tiempo para los pastores de Arcadia y otro
para los griegos del siglo de Pericles. Incluso, para algunos historiadores
como Braudel, el tiempo es una especie de demiurgo ajeno al hombre,
que le obliga a la acción. Para ellos, el momento histórico se explica
sólo por el transcurso del tiempo.
Para una primera aproximación al tema, debemos dejar en claro que el
tiempo de la Historia es diferente del tiempo de las Ciencias Naturales,
por ejemplo. Un físico puede calcular la cantidad de tiempo que se requiere
para fundir un bloque de hielo de determinada magnitud, aplicando una
temperatura dada. El astrónomo puede calcular la distancia de la tierra
al sol conociendo la velocidad de la luz y el tiempo que demora en su
recorrido del sol a la tierra. Al historiador no le interesa demasiado
cuanto tiempo llevó a Colón la elaboración de su proyecto descubridor,
que le condujo al desembarco en Guanahaní el 12 de octubre de 1492.
Pero, sin olvidar los procesos mentales del Almirante, se preocupa
más por el momento exacto en que la línea temporal de la vida de Colón
se cruzó con la del desarrollo del proceso socioeconómico que hizo necesario
el descubrimiento. Para el historiador, el tiempo no es concebido como
medida que se pueden dividir en lapsos y espacios homogéneos, como el
tiempo de las ciencias exactas, sino que es una realidad concreta en
la que se desarrollan y se hacen inteligibles los hechos históricos
organizados como procesos. De este modo, en lugar de interesamos por
la duración del auge cacaotero en el espacio del Ecuador, tratamos de
encontrar el lugar que ocupó este fenómeno dentro del desarrollo de
la Historia económica y social americana y mundial.
Considerado de esta manera, el tiempo es un continuo, pero también un
cambio permanente. Según Bloch, las dificultades de la investigación
históricas provienen de que historia y tiempo se consideran entidades
únicas e interrelacionadas, que se condicionan mutuamente. El proceso
histórico está, por lo tanto, indisolublemente unido a su propia temporalidad.
Es indudable que la variación del concepto de tiempo histórico está
incluida en las proposiciones filosóficas imperantes en cada época.
De este modo, el tiempo de Braudel se define por la idea newtoniana
del tiempo como una sustancia inmutable, autodeterminada, independiente
de la materia, y uniforme en todo el Universo. Acontecimientos separados
entre sí por grandes distancias estarían moviéndose en tiempos y ritmos
uniformes.
La Historia, por tanto, se desarrollaría en un tiempo único y lineal.
Fue necesario llegar al siglo XX para que se planteara la concepción
materialista del tiempo, como forma de existencia de la materia en movimiento,
en la teoría de la relatividad. El tiempo dejó entonces de ser evaluado
a través de medidas absolutas, ya que sus propiedades no son las mismas
en cualquier sitio, no son invariables ni autodeterminadas, sino que
varían en relación con la dependencia de objetos materia- les, de sus
relaciones y sus movimientos. En un primer momento, los historiadores
comenzaron a concebir cada período, cada sociedad, cada etapa histórica,
progresando con sus propios tiempo y ritmo.
Con la aparición de la Historia Serial, iniciada por Labrousse
e Imbert, se demostró que dentro de cada época coexisten diversos tempos
entre diferentes factores económicos. Pensemos solamente en la velocidad
del desarrollo económico de la costa ecuatoriana hacia el capitalismo,
en la primera mitad del siglo XIX, mientras la sierra mantenía el lento
ritmo colonial.
Esta historia serial es aplicable a estructuras y movimientos
sociales, a la historia demográfica, política o ideológica, y podemos
constatar las diferencias de ritmos que existen entre procesos económicos
y sociales, y entre éstos y el desarrollo político e ideológico. Explicaremos
ahora qué es una estructura. En general, se trata de un conjunto de
partes o elementos que ejercen una interacción mutua. Una estructura
histórica o social es un conjunto de grupos sociales, que pueden ser
clases, fracciones de clase, categorías sociales y/o socio-profesionales
que mantienen relaciones mutuas de orden económico, político, jurídica,
etc., que sólo pueden comprenderse a partir de esa interacción recíproca.
Por eso, no es posible conocer una clase social sin comprender la naturaleza
y funciones de las restantes.
Otras características propias de la estructura son la totalidad dentro
de la diversidad, y la estabilidad unida a un movimiento constante y
lento. La estructura también se conoce como un conjunto estructural.
Dentro de la estructura histórico-social, existe estabilidad. Por ejemplo,
en Ecuador, en la sierra, la gran hacienda como institución agraria,
dura desde los comienzos de la colonia hasta hoy. En la estructura costeña,
la hacienda surge a comienzos del primer auge cacaotero.
El historiador comprende la estructura como un ente que cambia muy lentamente,
o en raras ocasiones, por lo cual llega a parangonarse con las vigas
y las paredes maestras de la construcción histórica. En su interior,
las estructuras mantienen contradicciones internas, por ejemplo, hablando
del latifundio, encontramos la contradicción de campesinos y patrones,
mientras en la ciudad existe este antagonismo entre asalariados y empresarios.
Hay ocasiones en que estos antagonismos son mucho más complejos, y siempre
existen, aunque sea en forma potencial, en toda sociedad humana. De
este modo, surgen conflictos, este fenómeno es el que llamamos coyunturas.
La coyuntura no crea el conflicto, sólo agudiza el que estaba latente,
y lo manifiesta. Pero hay que cuidar de no confundirse. Pensemos, por
ejemplo, en la huelga de los jubilados, cuyo conflicto siempre estuvo
latente, hasta que llegó un momento en que estalló.
Tratándose de un acontecimiento histórico simple, pero con un gran valor
simbólico, se podría confundir con una coyuntura. La diferencia estriba
en que una coyuntura habría generado un cambio en la estructura, la
huelga de jubilados no lo hizo, porque aún no se solucionan sus graves
problemas. En cambio, el alzamiento de Guayaquil del 6 de marzo, en
contra del gobierno de Juan José Flores, produjo un cambio de importancia
en el Ecuador: el fin de la "Carta de la Esclavitud", la generación
de un fuerte movimiento nacionalista y liberal de resistencia, incluso
con la participación del clero y la posibilidad de reorganización de
la República, por lo tanto, se trata de una coyuntura que cambió la
estructura histórica del país.
Los historiadores suelen trabajar con diversos ritmos en el transcurso
del tiempo histórico. Pueden así hacer una historia de largos períodos,
que llamaremos "historia estructural", o preferir una historia de episodios,
que llamaremos coyuntural, trabajando con períodos relativamente cortos.
El tiempo histórico es subjetivo, heterogéneo y discontinuo.
Por esto, Sergio Baga propone la existencia de tres dimensiones
en la temporalidad histórica: el tiempo-transcurso o secuencial; el
tiempo concebido como radio de operaciones; y el tiempo-intensidad,
relacionado con la rapidez de las transformaciones y la riqueza de combinaciones.
Estos tres tiempos aparecerían simultáneamente en la existencia
social, puesto que coexisten procesos recientes con otros centenarios;
procesos restringidos a un área pequeña con otros muy amplios, y todos
con distintos ritmos de desarrollo. Al respecto, Henri Focillon decía:
"La Historia no es unilineal y puramente sucesiva, puede ser más
bien considerada como una sobreposición de presentes diversamente extensos".
3. EL ESPACIO DE
LA HISTÓRIA
Como ya dijimos, para Marc Bloch, el insigne medievalista francés,
la Historia es "la ciencia de los hombres en el tiempo". Nosotros
podríamos agregar "y en el espacio". En efecto, Historia se
desarrolla tanto en el tiempo como en el espacio, y ambos factores,
muchas veces, la influyen.
Braudel inserta los hechos históricos en un marco geográfico
que ha sido modificado por la acción humana, y con esto rompe la visión
europeocentrista de la Historia, al situar los acontecimientos americanos
en un entorno totalmente diferente del europeo, y protagonizados por
actores con una cultura descendiente de la europea, pero muy diferente
a ella. Muchos historiadores han tratado de encontrar las claves para
la interpretación de hechos históricos en factores geográficos como
la localización, los recursos naturales, y especialmente, en el clima.
Pero han llegado a un determinismo histórico cuyo mejor ejemplo es la
geopolítica alemana, cuyo más importante expositor fue Friedrich Ratzel
(1844-1904). Decía, por ejemplo: "un pueblo debe vivir sobre la
tierra que ha recibido del destino, debe morir sobre ella y sufrir su
ley", en estas últimas palabras está el elemento central del determinismo
geográfico, hoy rechazado por la mayor parte de los historiadores, pero
que todavía se mantiene en algunas personas. Me ha tocado escuchar que
los ecuatorianos son vagos porque en el país hace demasiado calor, de
modo que la vagancia no es por culpa de las personas, sino de la región.
Lucian Febvre (1876-1947) afirma que el modo correcto de plantear
el problema no es buscar las influencias de la tierra sobre los hombres,
sino averiguar "que tipos de relaciones mantienen las sociedades
humanas con el medio geográfico" y además las relaciones de los
hombres de esa zona geográfica entre sí.
Veamos un ejemplo tomado de la "Historia" de Prats, Castelló,
García y otros, Editorial Anaya, Barcelona, 1987. A comienzos del siglo
XIV, los inviernos fueron largos y fríos, y los veranos, más cálidos
y húmedos de lo habitual. A estos problemas se sumó el agotamiento de
los suelos, de modo que por varios años, los campesinos tuvieron malas
cosechas. El problema se agravó cuando la crisis alcanzó a los cereales,
trigo, avena, y otros granos alimenticios, con lo cual, a partir de
1315 el hambre asoló a toda la Europa occidental.
La mala alimentación debilitó las defensas de los habitantes de la región,
que muy pronto fueron presa fácil de la peste, que llegó a Italia, procedente
de Asia en 1348. Desde allí, se propagó por toda la región. En dos años
murió la tercera parte de la población europea, y hasta mediados del
siglo 15, las epidemias de peste se repitieron cada l0 a 15 años. La
situación de crisis empujó a los señores feudales a emprender guerras
contra los señores vecinos durante los siglos XIV y XV, produciendo
numerosas víctimas, devastando campos y destruyendo aldeas.
Entre las numerosas guerras de la época, mencionaremos la Guerra de
100 años entre Francia e Inglaterra; la guerra en el Mediterráneo entre
la corona de Aragón y los Estados Italianos; la anarquía reinante en
Italia y Alemania debido a los enfrentamientos entre emperadores, reyes
y nobles. Esta terrible crisis culminó con revueltas campesinas y desórdenes
en las ciudades. Muchos campesinos abandonaron los campos y buscaron
refugio en las ciudades, y su único recurso fue la mendicidad. Regiones
enteras quedaron abandonadas, y los señores también sufrieron la crisis
por la falta de mano de obra.
Recurrieron entonces a cobrar arriendo por los campos que ocupaban a
los campesinos que se quedaron, medida que provocó su levantamiento
armado. Las revueltas más graves se produjeron en Flandes en 1323; en
el norte y este de París surgió la famosa rebelión de la Jacquerie,
que fue reprimida duramente por los señores feudales. En el sur de Inglaterra,
los campesinos acudieron al rey en 1381, para pedirle la supresión de
la servidumbre, lo lograron, pero fueron aniquilados por los señores
feudales.
Hubo grupos que se dedicaron a asaltar tanto viajeros como a comerciantes
urbanos, hubo enfrentamientos entre los burgueses que mantenían el poder
en las ciudades y los gremios, que pedían participación en el gobierno.
También hubo enfrentamientos al interior de los gremios, porque los
maestros impedían el acceso de los artesanos a las maestrías, para evitar
la competencia, y se negaban a subir los salarios.
Los artesanos se reunieron y respondieron con huelgas y revueltas armadas.
Las revueltas urbanas más graves se produjeron en 1378 en Florencia,
protagonizada por los artesanos textiles, y las ocurridas en Inglaterra
y Francia, contra los impuestos que los reyes habían establecido para
sostener la guerra. En París, el movimiento fue dirigido por Etienne
Marcel, preboste de la ciudad.
4. UN EJEMPLO DE
LA HISTORIA DEL ECUADOR Y DE AMÉRICA: EL 2 DE AGOSTO DE 1810 EN QUITO
Antecedentes y consecuencias espaciales y temporales. Primero,
veremos los antecedentes de este suceso, lejano en tiempo y espacio:
comenzó en 1806, en Francia. Ese año, Napoleón Bonaparte, emperador
de Francia, decretó un bloqueo continental contra Inglaterra, es decir,
ordenó que ningún país europeo debía comerciar con la potencia a la
que no había podido dominar.
Aunque Europa le obedeció, un país no le hizo caso, y continuó
con sus relaciones comercia- les como de costumbre: se trataba de Portugal.
Pero Napoleón no permaneció impasible, decidió castigar al rebelde,
pero la única forma de llegar a Portugal era pasar por España. El 27
de octubre de 1807 firmó el Tratado de Fontainebleau con Manuel Godoy,
antiguo guardia de corps, que había sido nombrado secretario de Estado
por sugerencia de la reina, doña María Luisa. El Tratado estipulaba
que si los franceses pasaban por España se repartirían Portugal, y Godoy
sería nombrado príncipe de Algarbes. Así, los franceses cruzaron la
frontera y se dirigieron hacia Portugal, pero se comportaron más como
invasores que como aliados, lo que despertó el recelo de los españoles.
La familia real no dejaba de tener problemas: quien gobernaba era Godoy,
lo que molestaba profundamente al príncipe don Fernando, que se sentía
con derecho al trono. Por otra parte, el pueblo tampoco se sentía conforme
con el rey Carlos IV, que había dejado entrar a los franceses. El 17
de marzo de 1808 estalló un motín en la ciudad de Aranjuez, que obligó
a Carlos IV a abdicar a favor de su hijo Fernando VII. El rey y Godoy,
fueron hechos prisioneros por los franceses, y conducidos a Bayona,
mientras Fernando VII tomaba triunfante posesión del trono en Madrid,
el 24 de marzo. Pero poco le duró el triunfo, porque pronto se enteró
de que su padre se había retractado de su abdicación, y pensaba entregar
la corona a Napoleón, por lo cual decidió ir a Bayona. La reacción del
pueblo no se hizo esperar.
El 2 de mayo de 1808 se produjo un levantamiento popular, en
el que los madrileños, en la Puerta del Sol, atacaron a los mercenarios
mamelucos que servían a Francia. La represión tampoco se hizo esperar,
y al día siguiente, los prisioneros fueron fusilados en la Moncloa.
Francisco de Goya, testigo de ambos acontecimientos, los inmortalizó
en dos óleos que pintó cuando los franceses ya se habían ido, y que
se exhiben hoy en el Museo de el Prado, en Madrid.
El 12 de mayo, Fernando VII renunció a sus derechos de príncipe
heredero, y padre e hijo dejaron la soberanía nacional en manos de Napoleón.
Su hermano mayor, José Bonaparte, fue declarado rey de España el 6 de
junio por decreto imperial. Los dos ex reyes de España fueron enviados,
respectivamente, a Italia y a Francia. El vacío de poder, ya que los
españoles no reconocían a José Bonaparte como rey, debió ser ocupado
por nuevas autoridades elegidas por el pueblo, estas fueron las Juntas
Provinciales. Esta decisión era perfectamente legal. Según la interpretación
absolutista del derecho medieval, el rey Fernando VII había renunciados
a sus derechos obligado por la fuerza invasora, en consecuencia, correspondía
a la sociedad defender el trono. Según la interpretación liberal, si
el monarca caía prisionero, la sociedad recuperaba la soberanía vacante.
La Historia ha interpretado a veces este movimiento juntista como revolucionario,
pero otras veces lo ha definido como continuista. Pero, en todo caso
las Juntas coordinaron la resistencia contra los usurpado- res y, el2
1 de septiembre de 1808, organizaron una Junta Central de España e Indias.
Según Pedro Fermín Cevallos, estas noticias llegaron a Cartagena de
Indias alrededor de agosto de 1808. A medida que se conocían en las
colonias españolas, en América surgía también el movimiento juntista.
Por su parte, la Junta Central declaró, el 22 de enero de 1809,
por medio de un decreto, "que los do- minios que España
posee en las Indias no son propiamente dominios o factorías (...) sino
una parte esencial e integrante de la monarquía española (...) y deben
tener representación nacional y constituir parte de la Junta Central
Gubernativa del reino, por medio de sus correspondientes diputados".
Veamos ahora cómo estos sucesos repercutieron a larga distancia, es
decir, en América, y también a corta distancia: en Inglaterra. Pensando
que los españoles no podrían defender sus colonias en América, los ingleses
decidieron apropiarse de ellas. De modo que trazaron el plan de atacar
por diferentes puntos. Mientras Crawford atacaba a Valparaíso, en Chile,
Beresford haría lo mismo en Buenos Aires, entrando por el Río de la
Plata con unos 2.000 efectivos. El desembarco se produjo el 25 de junio
de 1806. Al conocer tales noticias, el virrey Sobremonte huyó rápidamente
hacia las sierras de Córdoba.
Los ingleses promulgaron un bando que prometía respetar la propiedad
privada, imponer la libertad de comercio, y otras cosas similares, pero
que no convencieron a los porteños, que decidieron resistir. Mientras
los ingleses trataban de parlamentar, los bonoaerenses preparaban la
resistencia, eligiendo como jefe al capitán de navío Santiago de Liniers,
de origen francés. Después de tres días de ataque, Beresford capituló,
y al poco tiempo, Sobremonte regresó pero el vecindario impidió que
reasumiera el .mando, eligiendo en su lugar a Santiago de Liniers como
virrey de Río de la Plata. El ataque a Valparaíso no se produjo, porque,
al conocer la derrota de Beresford, Crawford, que es- taba al mando
de la expedición decidió volver a Río de la Plata.
Al año siguiente, los ingleses, que estaban refugiados en Montevideo,
volvieron a atacar Buenos Aires, y nuevamente fueron derrotados por
los 8.000 milicianos organizados por Liniers. De este modo, los argentinos
tomaron conciencia de la fuerza poderosa en que se habían transforma-
do, de que eran capaces de gobernarse solos, porque pudieron disfrutar
de la libertad de comercio, y por- que se convencieron de que podían
contar con la ayuda de algunos extranjeros.
Estos puntos incidieron en que, el 25 de mayo de 1810, la Primera
Junta de Buenos Aires proclamara de inmediato la independencia del país.
En Chuquisaca, Bolivia, se organizó en 1809 la Primera Junta de Gobierno
de América Hispana. Los criollos comenzaron por destituir al Presidente
de la Real Audiencia y formaron una Junta que gobernaría en nombre del
rey don Fernando, primer intento autonómico del continente, que culminó
con una dura represión en la que fueron torturados y ajusticiados los
líderes del movimiento. Lo mismo sucedió en La Paz el 16 de julio del
mismo año. Después que las clases dirigentes quiteñas conocieron y analizaron
los sucesos acaecidos en Madrid, decidieron reunirse para tomar medidas
para evitar caer bajo la dominación francesa. Por esta razón, algunos
notables quiteños se reunieron el 2S de diciembre de 1808 en la hacienda
El Obraje, ubicada en el Valle de los Chillos, propiedad de don Juan
Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre, con el pretexto de festejar la
Navidad.
Después de amplias conversaciones, tomaron la decisión de formar también
una Junta Superior que asumiera la soberanía vacante., ya que su gobernante,
el conde Ruiz de Castilla, era un hombre inepto para hacer uso del poder
y tomar decisiones. Pero esta iniciativa no prosperó, porque, aunque
ganó adeptos, fueron descubiertos o denunciados, y los cabecillas fueron
apresados, aunque salieron rápidamente en libertad, porque eran personas
de linaje y dinero, contaron con una buena defensa, y no se les pudo
probar algún delito.
Apenas se vieron libres, se reorganizaron: la "revolución quiteña" se
produjo el 10 de agosto de 1809. Lo que pasó en la noche anterior todos
lo sabemos, desde la reunión clandestina en casa de doña Manuela Cañizares,
la búsqueda de la colaboración de las tropas de guarnición en la ciudad,
la prisión domiciliaria del conde Ruiz de Castilla, y unos cuantos prisioneros
más. Esta vez, las autoridades españolas no se dieron cuenta, y los
patriotas obtuvieron la victoria por sorpresa, y sin mayor violencia.
La Junta Suprema fue presidida por don Juan Pío Montúfar, y otros personajes
de la sociedad quiteña, entre ellos, el Obispo Cuero y Caicedo. Esta
Junta fue confirmada por el Cabildo Abierto del 16 de agosto.
Al día siguiente, en la Catedral se celebró una ceremonia, en la que
participaron los principales organismos de la ciudad y numeroso público.
Todos ellos juraron solemnemente a Fernando VII como rey y señor natural.
No habían pasado tres meses cuando surgieron graves problemas: la Junta
había sido elegida por un grupo de "notables", y luego presentada al
pueblo, cuando los hechos estaban consumados, por lo tanto, no tenía
el apoyo del pueblo ni de la burguesía; no contaba con líderes preparados,
porque los países americanos, salvo las Capitanías Generales, no tenían
la experiencia para autogobemarse; ni tenían el respaldo del resto del
país, porque no convocaron a personas de otras provincias, ni siquiera
las consultaron, por lo que no se sentían representadas, sino que, al
contrario, pensaban que con esa Junta, sólo se estaban beneficiando
Quito y los quiteños, y que, en algunos casos, perjudicaban los intereses
de muchas provincias.
No es raro, entonces, que provincias como Cuenca, Guayaquil y Popayán,
organizaran tropas para detener los alzamientos, a las que se sumaron
las fuerzas de los virreinatos de Perú y Bogotá, que atacaron desde
el norte y desde el sur, venciendo fácilmente a los inexpertos soldados
quiteños. Estas derrotas provocaron serias dudas en los líderes revolucionarios,
que decidieron renunciar a sus cargos y negociar con el conde Ruiz de
Castilla, para lo cual contaron con el Conde de Selva Florida, Juan
José Guerrero y Mateu, criollo y partidario del rey. El 14 de octubre
se llegó a un acuerdo, que planteaba mantener la Junta, pero ahora dirigida
por el propio Ruiz de Castilla, sin que hubiera represalias para los
insurrectos. Pero esto se cumplió sólo hasta la llegada a Quito de las
tropas peruanas y Ruiz de Castilla disolvió la Junta y restableció el
gobierno anterior.
En ese momento, 4 de diciembre de 1809, se inició la represión: comenzaron
a caer presos los participantes en ellO de agosto, salvo los que lograron
esconderse, entre ellos, Pío Montúfar. Realmente se tratada de desmoralizar
y escarmentar a los posibles insurrectos del continente. Se les juzgó,
pero no se dictó sentencia, sino que, por orden del Virrey, enviaron
los procesos a Santa i.e. La situación en Quito era realmente grave:
los soldados actuaban como invasores, robando y atropellando a los ciudadanos,
lo que se tradujo en la unión de los quiteños contra el Gobierno español.
En este momento comenzaron a surgir rumores de probables asaltos a las
cárceles para liberar a los presos.
La matanza de los insurrectos se produjo el 2 de agosto. Se
cuenta que un pequeño grupo de quiteños trató de ingresar por la fuerza
a los cuarteles, provocando así la matanza de patriotas. El pueblo quiteño
reaccionó, atacando a los soldados con palos, piedras y cuchillos. Algunas
casas fueron saqueadas, y las calles quedaron sembradas de muertos de
ambos bandos. Sólo la presencia del obispo Cuero y Caicedo acompañado
de un grupo de sacerdotes, logró terminar con la violencia.
Es muy posible que el complot para liberar a los prisioneros
fuera sólo un pretexto para la matanza, ya que, como sabemos, los que
hubieran podido liberarlos no contaban con armas para hacer frente al
ejército, ni tenían entrenamiento militar. El 2 de agosto de 1810 trajo
profundas consecuencias: los promotores del movimiento autonómico de
las colonias hispanoamericanas se convencieron de que la autonomía no
era la solución, sino la independencia total, y comenzaron a planificarla
desde ese momento. Buenos Aires, en su Cabildo Abierto de 25 de mayo
de 1810, ya había proclamado la salida del virrey español, hecho al
que concurrieron causas como el encarcelamiento de los patriotas quiteños,
y el abandono de la ciudad por el virrey durante las invasiones inglesas.
Chile y México, en septiembre, organizaron Juntas de tipo independentista.
El 15 de julio de 1811 la Junta de Caracas declara su independencia
de España Y el 15 de junio de 1813, Bolívar lanza su "Proclama de la
Guerra a Muerte" en la que advierte que los españoles que no entren
al ejército patriota, serán perseguidos y fusilados como enemigos de
la Patria. Es muy posible que los sucesos del 2 de agosto en Quito,
unidos a su experiencia en la guerra patria, lo hubieran convencido
de la necesidad de exterminarlos.
AI respecto, dijo: "No hablemos de los tres siglos
de ilegítima usurpación, en que el Gobierno español derramó oprobio
y calamidad sobre los numerosos pueblos de la pacífica América. En los
muros sangrientos de Quito fue donde España, la primera despedazó los
derechos de la naturaleza y de las naciones. Desde aquel momento del
año 1810 en que corrió la sangre de los Quiroga, Salinas, etc. nos armaron
con la espada de las represalias para vengar aquellas sobre todos los
españoles. El lazo de las gentes estaba cortado por ellos; y .por este
solo primer atentado, la culpa de los crímenes y las desgracias que
han seguido, debe caer sobre los primeros infractores."
5. CONCLUSIONES
Hemos visto como acontecimientos ocurridos en España, van a
determinar importantes sucesos en toda América. Consideramos el 2 de
agosto de 1810 como un resultado de esos acontecimientos, y, a su vez,
causa de hechos trascendentes para la Historia de América.
Podemos concluir que el 2 de agosto de 1810 fue una coyuntura que logró
modificar la estructura. Aunque en Historia no se debe decir "¿Qué
habría pasado si...?" Creo que tenemos derecho a planteamos una
duda: tal vez sin el 2 de agosto, América hubiera tenido gobiernos autónomos
y habríamos tal vez tenido derecho a dictar nuestras propias leyes,
pero habríamos seguido dependiendo de España. Y tal vez hoy seríamos
independientes, pero miembros de una Comunidad Hispánica de Naciones,
como lo han hecho las antiguas colonias inglesas.
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• Paredes Alonso, Javier: La España liberal del siglo XIX, Biblioteca
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• Sánchez, Luís Alberto: Los fundamentos de la Historia de América,
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• Sánchez, Luís Alberto: Historia General de América, Editorial Ercilla,
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• Voltes, Pedro: Nueva Historia de España, Plaza & Janés Editores, Barcelona,
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