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La guerra vuelve con su cuerpo de destrucción y fuego, a llenar
de sangre y lamentos, las tierras de Medio Oriente.
Ella siempre regresa arrastrada por “Los Señores de la Guerra” que propician
el conflicto armado para justificar sus sórdidos fines. Los romanos
contra Numancia y Cartago, los nazis en Guernika, los aliados en Hiroshima
y Nagasaki y tantas otras masacres…
¿Cuánto falta para que usemos las palabras Crímenes de Guerra?
¿Cuánto más esperaremos para juzgar a los asesinos de la humanidad?
¿Quiénes pagarán por las vidas segadas y el patrimonio cultural de los
pueblos arrasados?
Hoy, los estruendos supersónicos dejan niños enfermos, ancianos que
mueren y mujeres que abortan por el impacto de armas que superan la
integridad humana.
Habrá un día en que la Tierra, desordenada y vacía, con sus leyes alteradas,
girará moviéndose hacia el infinito con los campos yermos, el cielo
oscurecido y las tinieblas sobre los abismos. Si algo no hará nuestro
planeta es resignarse a morir por mandatos de ambiciosos y corruptos.
Volverá a cubrirse de vegetación y las plantas se cargarán de
flores, los campos se vestirán de verde, procrearán los animales, y
en el cielo diáfano los pájaros ensayarán vuelos vírgenes. Renacerán
bosques poblados de trinos y umbrías y ríos y mares con aguas purificadas.
Otro día habrá en que dos seres humanos salvados del desastre, encontrarán
la edad fértil. Serán dos trashumantes solitarios en búsqueda de saciar
un sentimiento que conmoverá sus cuerpos y para el cual, no hallaron
aún explicación. Él estará de pie sobre la tierra, con la mirada extendida
hacia todas las latitudes. Ella indagará incansable, intuyendo que existirá
un alguien que la espera y necesita de ella para compartir, no sabe
bien qué...
Y será el encuentro. El hombre joven y asombrado, mirará a la mujer
de su misma edad y le preguntará,
- ¿Cómo te llamas?
- Eva… ¿Y tú?
- Adán.
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